Las limitaciones de la teoría o ¿Para qué sirve la teoría? – T. Wonder y S.Minch

  • 4 octubre, 2016 a las 1:16 pm #2017
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    Este articulo está incluido en “Pensar la magia”, dividida en 11 entregas en su edición en Español. Dado que en el libro se comenta que se tiene el permiso de los autores para compartir esta información de forma gratuita, creemos que no se vulnera ningún derecho de los autores. .

    LAS LIMITACIONES DE LA TEORÍA
    POR TOMMY WONDER CON STEPHEN MINCH

    Hay quienes sostienen que la teoría, aun siendo interesante, no contribuye de manera significativa al desarrollo de un buen artista. Para respaldar su parecer se refieren a algunos de los muchos artistas que nunca han practicado análisis teóricos de ningún tipo. De hecho, muchos excelentes magos jamás han estudiado las teorías en las que se fundamenta su trabajo, guiados más bien por cierta apreciación instintiva de lo que funciona para ellos y lo que no.

    También hay magos que no hacen otra cosa que estudiar, que conocen todo sobre las teorías de la magia, pero que al aplicarlas en sus actuaciones no consiguen alcanzar el nivel de excelencia mágica que ansían. De lo cual, uno puede extraer como conclusión que la teoría influye poco o nada a la hora de hacer de uno un mago mejor.

    DIAMANTES EN BRUTO
    Aunque dicha opinión resulta debatible, sí estoy de acuerdo en que existe algo, una especie de intuición instintiva, un conocimiento innato, que uno debe tener si quiere llegar a ser buen mago. Llámalo talento si lo prefieres. Cuanto más de este algo especial uno haya recibido de manos de la madre naturaleza, mejor mago podrá llegar a ser.

    Y digo llegar a ser, porque aunque uno posea todo el talento del mundo, hace falta cultivarlo. Porque el talento es como un diamante en bruto. Un diamante que no se ha tallado no resulta especialmente atractivo, pero una vez perfectamente pulido, se convierte en algo bello. Y lo mismo ocurre con el talento. Cuanto mayor es el talento, mayor es el diamante en bruto, y mejor puede uno llegar a ser. ¡Pero todavía hace falta pulirlo!

    Pulir el diamante en bruto hace visible su brillo y su resplandor para que todos los admiren. Pero si en la materia prima el talento no aparece por ninguna parte, si en lugar de diamante en bruto tenemos pedernal, ni con todo el bruñido ni todo el trabajo del mundo se podrá obtener el fulgor de un diamante.

    La idea de que, sin talento, todo el trabajo del mundo no bastará para convertir a uno en un buen mago, puede parecer pesimista, incluso elitista; pero creo firmemente que así es.

    Sin embargo, no soy el cínico misántropo que esta afirmación pudiera estar sugiriendo, ya que tengo tendencia a creer que la mayoría, si no todos, tenemos talento en cierta medida; quizá no mucho, quizá solo una pizca, pero un diamante minúsculo pulido a la perfección resulta muchísimo más hermosos que uno enorme y basto. Así que no desesperes si ves que tu diamante en bruto no es muy grande, porque tu magia aun puede ser admirable.

    No creo que uno pueda aumentar su talento. Solo es posible pulirlo para sacar a la luz sus mejores cualidades para deleite del público. Si lo que digo es cierto, entonces no es necesario preocuparse por la cantidad de talento que uno pueda tener. No importa el tamaño del diamante en bruto. De nada vale deprimirse por una piedra pequeña. Solo hay que pensar cómo podemos bruñir la gema que poseemos, sintiéndonos desanimados únicamente por no haberla trabajado lo suficiente.

    Siempre sonrío cuando oigo a la gente racionalizar la falta de calidad de su trabajo diciendo: «¡Al fin y al cabo, yo no tengo tanto talento como ese o aquél!». No pretendo conocer exactamente qué es el talento, y quizá algunos carezcan de ello por completo, pero sí sé que la expresión falta de talento es a menudo una excusa para no decir falta de trabajo.

    Que otros se preocupen por determinar si tenemos talento y cuánto. Acabemos de una vez por todas con ese miedo, y dejemos de utilizar también como excusa el mucho o poco talento que creemos tener. Nada de ello tiene sentido y nunca conseguirá acercarnos a nuestros objetivos.

    ME VA BIEN
    Una de las mejores maneras que conozco de cultivar el talento individual es usarlo lo máximo que uno pueda. En otras palabras: practica y presenta magia tanto como te sea posible. Al hacerlo, empezarás a sentir casi de forma inmediata cuál es tu manera de hacer las cosas; empezarás a darte cuenta de lo que te va bien. Cuanta más magia hagas, más experiencia acumularás, y más desarrollarás ese sentido de lo que te va bien a ti. Esta percepción puede hacerse tan aguda que, tras cierto tiempo, serás capaz incluso de saber si algo se ajusta a tu estilo con solo imaginarte haciéndolo. Claro que también podrás saber lo que va con tu estilo probando a hacerlo realmente.

    Supongamos que quieres diseñar un nuevo efecto y estás probando en casa varios pases y secuencias. Pruebas por aquí, pruebas por allá, y de repente sientes que una forma concreta es, cómo decírtelo… que te va bien. Esta sensación de que algo te va bien, es, pienso, el primer criterio en la toma de decisiones, y uno debería tenerlo en cuenta. Muchos grandes magos toman decisiones en su trabajo basándose solo en lo que les va bien a ellos. No te podrán explicar exactamente por qué hacen lo que hacen de la forma en que lo hacen, pero les va mejor. Este sentimiento de lo que a uno le va bien es un criterio mucho mejor y mucho más seguro para tomar decisiones que cualquier análisis teórico habido o por haber. Claro que el grado en que puedas sentir lo que te va bien dependerá del talento natural que poseas y de cuánto hayas cultivado esta percepción especial. Si esta intuición resulta muy pequeña, la sensación de me va bien puede que sea algo insegura, incluso puede que no sea un criterio adecuado para la correcta toma de decisiones. Si no consiguieses desarrollar esta percepción de lo que es adecuado para ti, casi te sugeriría que dejases la magia por completo.

    Si quieres que algún día esa intuición, ese sentimiento, te guíe a la hora de tomar decisiones correctas, primero tendrás que cultivarla todo que puedas, y solo lo conseguirás mediante práctica y actuaciones continuadas. Si no consigues desarrollarla, quizá esta forma de decidir no sea la más adecuada. Uno no puede tomar decisiones basándose en un sentido que todavía no posee.

    Situar la intuición por encima del puro análisis quizá no sea un enfoque muy científico. Probablemente ni siquiera sea algo científicamente justificable, pero ¿acaso nuestros análisis teóricos lo son? Para que una teoría sea científicamente válida debe ser completa y abarcar todos los casos posibles. ¿Acaso la teoría mágica actual lo es? E incluso si algún día llegásemos a entender la magia tan a fondo y con tanta precisión que el corpus teórico existente consiguiera englobar todos los aspectos de la expresión mágica artística, ¿no terminaría siendo dicha teoría demasiado amplia y engorrosa para ser algo manejable?

    De cualquier modo, nuestra compresión teórica de la magia es, a día de hoy, muy limitada, tanto es así que a menudo un poco de talento e intuición bastan para sustituirla. ¡Y lo bueno es que la intuición y el talento son mucho más rápidos!

    ¿PARA QUÉ VALE LA TEORÍA?
    Si lo que acabo de decir es verdad –y creo que lo es–, entonces hay que preguntarse: «¿Para qué vale la teoría? ¿Acaso no sería mejor olvidarnos de ella y desarrollar nuestra intuición y terminar haciendo lo que nos parece que nos va mejor?». Mi opinión es que no, porque obrando así estaríamos descartando una herramienta de incalculable valor.

    La verdad es que una vez que la intuición te ha indicado lo que tienes que hacer, la teoría puede ayudar mucho. Una vez que te has decidido a hacer algo en concreto, el pensamiento teórico puede proporcionarte una perspectiva muy útil. Entender por qué algo te parece más adecuado puede hacer que utilices esa intuición de manera más precisa o eficaz. Después de todo, la intuición sigue siendo un oscuro proceso inconsciente que no ofrece razones claras para explicar sus decisiones. Solamente por medio del análisis teórico podemos llegar a refinar, mejorar y ampliar esas lecciones un tanto vagas que nos brinda la intuición.

    La intuición es una pieza clave en la creación de buena magia, pero por sí sola es poco probable extraer el máximo potencial de las ideas que produce. Ésa es la tarea del análisis teórico. No obstante, aplicar la teoría sin ese primer paso intuitivo puede producir una verdadera porquería.

    Resulta demasiado fácil utilizar la teoría para darle vueltas a un concepto totalmente erróneo hasta hacerlo pasar por algo de apariencia lógica. Y esto se puede hacer sin que uno se llegue a dar cuenta de ello. Pero todos los parches teóricos del mundo no impedirán que un concepto equivocado y la estructura a la que ha dado lugar terminen derrumbándose delante del público. Y pienso que esta mala utilización de la teoría es algo posible debido a que nuestras teorías aún no son completas. Todavía nos queda tanto por aprender… E incluso pienso que probablemente nunca lleguemos a comprenderlo todo.

    La función principal de la teoría es, pues, cimentar y refinar los frutos de nuestra intuición. He aquí su único propósito. Y una vez que, a través del debido análisis teórico, hayamos traducido nuestra vaga intuición en conceptos concretos, resultará mucho más fácil de determinar si, y en qué manera, podemos mejorar y aplicar las ideas que nos ha proporcionado.

    Primero la intuición, después la teoría y el análisis. ¡Este es el orden!

    DESARROLLAR LA INTUICIÓN
    Comencé mi exposición señalando que la mejor (y quizá la única) forma de desarrollar tu latente intuición mágica es practicar y actuar tanto como puedas. Y estoy seguro de que es así. Menos seguro estoy de lo que voy a decir a continuación, pero confío en ello lo suficiente como para someterlo a tu consideración. Creo que un correcto uso del análisis teórico, en la forma de la que ya hemos hablado, puede hacer crecer tus facultades intuitivas.

    Tengo la impresión de que el haber examinado constantemente todas aquellas cosas que he sentido apropiadas para mí a lo largo de mi estudio mágico, ha hecho mi intuición en este área más acertada y fiable. Quizá haya sido así porque para mi mente es natural pensar a menudo sobre estas cuestiones, y por tanto mi subconsciente ha terminado por acostumbrarse a manejar y trabajar con ese tipo de pensamientos.

    Quizá me equivoque. No tengo forma de probar que el pensamiento y el análisis teórico mejoren realmente la intuición má- gica de cada uno, ni que puedan acrecentar la poca o mucha inteligencia bruta que uno posea, pero sospecho que así es. Y si eso es cierto, entonces he aquí otro beneficio añadido del hábito de enfrascarse en reflexiones teóricas.

    REFINAR LA TEORÍA
    Con el fin de aumentar nuestro conocimiento teórico, es natural suponer que cuanto más pensemos sobre este tipo de cuestiones, mayor será nuestra compresión. Y ciertamente es así. No obstante, también existe la posibilidad de llevar esta tendencia al exceso: concentrarse en una teoría en concreto y, llevado por el deseo de elaborarla más y más, terminar llegando a una pura estupidez. No creo que la teoría por sí misma sea la razón primordial del estudio teórico. La razón legítima debe encontrarse siempre en una sólida intuición.

    La fuente más abundante de nuevas ideas teóricas no se halla tanto en la teoría misma como en la intuición de cada uno sobre lo que es mejor para su magia. Entusiásmate con esos momentos en los que al analizar tus intuiciones, de repente, comprendes una cosa, algo nuevo, algo que añadir a tu caudal teórico. Del mismo modo, permanece alerta a todas aquellas ocasiones en las que puedas descubrir un elemento de conocimiento capaz de cambiar o refinar tus teorías presentes. Así es como crece el conocimiento teórico. Y cuanto mayor se haga, más capaz serás de comprender tus intuiciones y de trabajar con esos pensamientos con el fin de aprovecharlos al máximo.

    NADA DE REGLAS
    De lo cual se deduce que uno no debería recurrir a la teoría (o quizá, mejor dicho, que uno no debería abusar de ella) como si se tratase de un conjunto de reglas que uno debiese obedecer ciegamente. Nunca permitas que la teoría se convierta en dogma. Este camino te llevará al desastre seguro. Nuestro bagaje teórico es todavía demasiado incompleto como para poder extraer reglas de él. No obstante, se puede y se debe utilizar el pensamiento teórico como herramienta para aumentar el grado de comprensión de nuestro conocimiento intuitivo, para lo cual las teorías no tienen por qué estar completas ni abarcar toda la variedad de casos.

    Algunos de los que no hayan desarrollado suficientemente su intuición innata quizá concluyan, y no sin razón, que no pueden fiarse de sus sentimientos, que sus decisiones intuitivas se revelan erróneas en la vida real con demasiada frecuencia. Lo cual, claro está, termina por minar su confianza en su propia capacidad de discernimiento. Otros quizá tengan razones distintas para no fiarse de su intuición. Pero sea cual sea el motivo, para este tipo de personas la teoría será un atractivo instrumento compensatorio. Lo cual es del todo comprensible, pero lamentablemente nunca llegará a producir los resultados deseados.

    Si no confías en tu intuición debes aprender a desarrollarla, a trabajar con ella, ¡a tener fe! Haz caso a tus sentimientos, no los desoigas. Comprende la importancia de la intuición y el valor subordinado de la teoría. Y si tu intuición se equivoca una y otra vez, eso solo prueba que está aún por desarrollarse, o que, simplemente, no hay talento. Recuerda: el talento de cada uno no puede crecer. Pero si persistes en tu trabajo, por poco talento que poseas, llegará el día en que te des cuenta de que puedes confiar en tu intuición cada vez más, en que las decisiones que tomes basándote en ella resulten ser acertadas cada vez con mayor frecuencia.

    La teoría es tremendamente importante, pero jamás puede ser más que una ayuda, una herramienta para cristalizar y refinar una intuición natural, y, como tal, siempre estará subordinada a esta intuición. ¡A tu intuición!
    Tommy Wonder
    El libro de las maravillas, vol. 1
    1996

    Incluido en Pensar la Magia. Vol. 1 Pensando como un mago.

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